Ínfimo es el hombre.
En su batalla contra la muerte,
incluso
antes de nacer,
ya ha
perdido.
En su batalla
contra un cielo alto,
donde el
infierno cabe,
va perdido.
En su batalla
contra mares taciturnos
que atenazan
con olas y espumas antiguas
las débiles
barcazas…
Ínfimo es
el hombre.
En su batalla
contra fieras como el denso león
de garras
fuertes destrozando.
El rinoceronte
implacable.
El melancólico
elefante.
Por eso narra.
Y eso es
lo que
narra.
Por eso inventa
las palabras.
Y la
poesía, que achica el vacío universal
hasta volverlo
un mero pálpito sabido,
un sincopado
hexámetro
un soneto
al aire libre:
endecasílabos
contra la nada.
Esta batalla
también, desde luego,
va perdida.
Pero cómo
luchamos.
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