martes, 9 de julio de 2024

Solo

En este instante

neto,

potente,

bloque íntegro

que aprisiono entre mis dedos juntos

-que son un puñado de sal antes de disolverse

en el mar del tiempo-,

cabe todo Dios.

 

Aquí lo tengo,

míralo,

siente su tibieza.

 

Aprieto el puño y lo hago cada vez más chico,

casi no queda nada de él,

solo mi piel que aprieta las grietas de su ser.

 

Al fondo se escucha una música misteriosa,

a mi alrededor el aire se arremolina y se adensa.

 

En un espeso respirar

se enlentece el vaivén de mi pecho.

Algo me aprisiona,

primero con ternura y luego con tremenda fruición,

sin clemencia.

 

El aire de mi ser es expelido

la sangre de mis venas duda.

 

Sé que debo aflojar mis dedos,

 

sé que debo liberar a Dios entre mis dedos,

 

sé que estos juegos no son nada buenos.

 

Pero no puedo.

 

No

 

puedo.

 

No quiero estar solo.




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