viernes, 9 de agosto de 2024

Poema policíaco

Fui un niño cruel que jugó al fuego de las almas negras,

blandió, feroz, lápices gastados

para describir fantasmas.


Yo, de niño, a uno de ellos, le animé diciendo:

te veo, fantasma oculto 

en esta última lágrima emisaria,

aún te escucho, sigo atento los mensajes

que me mandas desde el pasado.

Fantasma débil, transparente

pero todavía fantasma,

sigues aquí 

en la tenue luz que se apaga al morir la vela.

 

Pero la verdad, fantasma, era otra.

No te sentía ya.

Habías desaparecido desde siempre.

¿Viviste alguna vez, fantasma engañado?

¿Te ilusionaste de verdad?

¿Creíste que alguien (¡por fin!) 

descifraba tu mensaje de la angustia?

 

Tuve el gusto de mentirte siendo niño.


Hoy, te aseguro que jamás pude escuchar

palabra alguna que viniera

de tus labios 

a mi frío.


En esta hora aciaga para ti, pertinaz en mi crueldad, confieso

una última verdad:

ni en aquel entonces

ni ahora

supe diferenciar cuál de nosotros dos

era el fantasma.




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