Pude sentirlo:
dentro de mí sigue vivo
el niño que fui.
Lo supe
porque vi a los ojos
al adulto que me asfixia.
Con una mano escribo esta carta
con la otra
presiono la garganta.
No sé en qué lugar
de la noche absoluta
se topan nuestras miradas.
Percibo tanto miedo
en ambos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario