sábado, 8 de febrero de 2025

Formas

Recuerdo, hija, aquella vez

que comenzaste a hablarme

de cosas inexistentes

con palabras que no existen

emulabas una lengua muerta

o, peor

una lengua que jamás vio la vida.

 

Imitaste los sonidos de las aves

bajo la luz moribunda de la tarde

y me enseñaste que esos sonidos

no son iguales

a los de la misma ave

bajo la noche oscura

o al alba.

 

Señalabas algo más allá

y más acá

de las cosas.

Lo imposible.

 

Al final, me dijiste:

 

Padre, no te extrañes

es mi forma de nombrar el silencio.


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