Va en la uva el sabor que aparecerá más tarde
en la noche lunar de tu lengua.
En la sombra interna de tu boca
un viñedo mínimo ya aguarda.
Antes, al sol de la mañana
ardores abandonan el sol
y se trasladan a las pieles.
¿Nuestros cuerpos saben?
¿Nuestros cuerpos planean
y conjuran y conspiran?
¿Del lado de quién
nuestros cuerpos?
¿Cuál su apuesta?
¿Y en la noche lunar
de tu lengua
estaba desde siempre el vino
que me embriaga?
¿Y luego la muerte?
Luego la muerte y el terror y el frío y la aridez del hielo
y luego el olvido
hijo pródigo del vino.