La manzana, podrida
lanceada de gusanos hambrientos
aguarda la culminación de su carne
puesta, tan serena
sobre la mesa del patio.
Al fondo, la caída del sol ilumina tanto
a los bendecidos
como a los desamparados.
La manzana calla
entregada al viento de la tarde.
Una luz amarilla o anaranjada o violeta
atraviesa, madre
sus agujeros.
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