Hace frío acá, en el silencio.
Araña táctil de mi mano,
¿qué forma del desasosiego
vas a capturar hoy?
¿Qué piel surgida del fango será
el alimento
para mi caricia?
¿Habrá, quizás, el abismo del aliento
la calidez de un cuerpo que respire hacia mí
como un Dios que concede, por fin
un último deseo a su criatura
antes del sacrificio?
Hace frío, en la montaña del silencio.
Araña táctil de mi mano
pero
en lugar de cazar para mí el alimento de la piel
te arrojas a la obsesión de estas palabras.
¿A quién escribes?
¿Hacia dónde diriges
telarañas?
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