Dedicado a Kavinsky,
único inocente
El poema se enfrenta al sueño.
Indiferentes,
caballos alados miden la resistencia del paisaje
no saben si su vuelo
partió de la inspiración o del soñar.
¿Importa la fuente de la que el licor se riega
el origen de lo tóxico
de quién es la mano que mueve la pluma
si la pluma escribe sobre el aire
o la hoja?
Una flecha cruza el viento
busca el corazón de los caballos
que galopan o vuelan.
Sabemos, siempre lo supimos
-para eso estamos aquí-
que los cazadores
seguimos siendo nosotros.
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